Los consumidores se sienten psicológicamente distantes de este tipo de personas.

Varios estudios han demostrado que las personas consideradas atractivas tienen sueldos más altos, reciben mejores evaluaciones laborales y obtienen trabajo más fácilmente. Sin embargo, una investigación de la Universidad de Dayton (EE.UU.), sugiere que la belleza puede generar una distancia psicológica. Esto se desprendió de los resultados de un experimento que se hizo para ver cómo responden los consumidores a los empleados atractivos, particularmente del sector de servicios.
Para esto se invitó a 309 universitarios a leer la misma descripción de una cena en un restaurante y luego mirar una imagen de la persona descrita como su camarero.
Los participantes vieron al azar a un camarero o camarera cuyas caras habían sido editadas para representar niveles altos o bajos de atractivo, según investigaciones anteriores que definían la belleza. Por separado, se usaron medidas similares de atractivo para calificar a los participantes en la misma escala.
Luego, se pidió a los voluntarios calificar el nivel de atractivo del camarero y cuán «cerca se sentían psicológicamente» de él o ella. Los participantes también calificaron el nivel de satisfacción del cliente, la calidad del servicio y la simpatía del camarero.
Se descubrió que la cercanía que experimentaba el consumidor con el camarero se correlacionaba con la calificación de la calidad del servicio que recibía. Es decir, si se sentían alejados del camarero, era más probable que le dieran una mala calificación. También se comprobó que las personas que pensaban que el camarero era atractivo pero que ellos mismos no lo eran, tenían más probabilidades de sentirse distanciados.
Posteriormente se realizó un segundo estudio con 237 personas que estaban esperando abordar un vuelo. Se les pidió que leyeran un escenario en el que un asistente de vuelo les daba comida mientras estaban en el avión y luego vieron una foto del empleado. Como en el primer estudio, la gente vio al azar imágenes de asistentes «atractivos» o «no atractivos».
Luego calificaron el atractivo del asistente y de sí mismos e indicaron si creían que existe una conexión entre belleza y habilidad, evaluando también el servicio.
Esto reveló que los participantes que se veían a sí mismos como menos atractivos se sentían más alejados de un asistente atractivo y tendían a percibir el servicio como peor.
Los voluntarios que dijeron que no existía conexión entre belleza y habilidad también tendieron a evaluar peor el servicio de los «atractivos».
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